Según la RAE la Ilustración fue un movimiento filosófico y cultural del siglo XVIII que tuvo su origen en Francia que acentuaba el predominio de la razón humana y la creencia en el progreso.

La crítica llevada a cabo a nivel político, económico, social y cultural tiene su precedente en el liberalismo inglés del siglo XVII y sentará las bases para una serie de cambios políticos, sociales y culturales que abren la puerta de la Edad Contemporánea, pues suponen una crítica directa al absolutismo real que desembocará en la aparición del despotismo ilustrado que se intenta acomodar a las nuevas ideas ilustradas sin perder un ápice de su poder político, lo que refleja la frase definitoria del nuevo tipo de monarquía: "Todo para el pueblo pero sin el pueblo".
A nivel político se criticará el absolutismo real y se llevarán a cabo propuestas teniendo como referencia el liberalismo inglés de autores como Locke, por Montesquieu:
Montesquieu. El espíritu de las leyes. 1748.
A nivel económico la Fisiocracia y el Liberalismo vendrán a sustituir al caduco Mercantilismo, defendiendo la internacionalización de la economía y la no intervención del Estado en ésta. La evolución de los diferentes sistemas económicos queda reflejada en el siguiente cuadro-resumen:

A nivel social, las críticas llevadas a cabo por la ilustración servirán como base a la burguesía para canalizar sus ansias de medrar y mejorar su estatus político. Destacan propuestas como las de Rousseau cuando nos habla del buen salvaje, pues afirma el filósofo que "el hombre es bueno por naturaleza":
"Si se busca en qué consiste el bien más preciado de todos y cuál es el objetivo de cualquier legislación, encontramos que todo se reduce a dos cuestiones principales: la libertad y la igualdad, y sin esta última, la libertad no puede existir. Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos y a los deberes de la humanidad [ ...]. La verdadera igualdad no se encuentra en que la riqueza sea la misma para todo el mundo, sino en que ningún ciudadano sea tan rico que pueda comprar a otro ciudadano, ni que sea tan pobre que se vea obligado a venderse".
Rousseau, J. J.: El contrato social, 1762.
Este pensamiento dota al ser humano de una serie de derechos, derechos inalienables que se repetirán en puntos geográficos tan diversos como la Declaración de independencia de los EEUU o en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano:
“Consideramos evidentes por sí mismas las siguientes verdades: todos los hombres han sido creados iguales; el creador les ha concedido ciertos derechos inalienables; entre esos derechos se cuentan: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Los gobiernos son establecidos entre los hombres para garantizar esos derechos y su justo poder emana del consentimiento de los gobernados. Cada vez que una forma de gobierno se convierte en destructora de ese fin, el pueblo tiene derecho a cambiarla o suprimirla, y a elegir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y organizar sus poderes en la forma que a su juicio sea la más adecuada para alcanzar la seguridad y la felicidad. (...).
Cuando una larga serie de abusos y usurpaciones , dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, tiene el pueblo el derecho, tiene el deber de derrocar ese gobierno y establecer nuevas garantías para su futura seguridad (...).
Nosotros, los representantes de los Estados Unidos de América, reunidos en Congreso general (...) en el nombre y por autoridad del pueblo, solemnemente publicamos y declaramos que estas colonias son y de derecho deben ser Estados Libres e Independientes; que se consideran libres de toda unión con la Corona británica.”
Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. Jefferson, 1776.


